lunes, 24 de marzo de 2008

Aquel día en que fuí invisible


Después de varias horas de silencio. Mi boca decide hablar.

No dice nada muy inteligente ni amable.

Solo se limita a unas cuantas palabras.

No hay nada que me haga sonreír ni romper en felicidad.

La rutina y el ocio, fundaron en mi algo incierto.

Sentada ante la oscuridad, meditando en una profunda soledad, me doy cuenta, de

lo fácil que es llorar y lo difícil que es aceptar consuelos.

No hay comentarios: